REGALO DE AMOR, REGALO DE VIDA.

Hace ya casi tres años que te tuve por primera vez en mis brazos. El dolor se anuló al escuchar tu llanto, las lágrimas dulces caían sobre mi rostro como un tributo a tu vida, desde antes ya te amaba...
Las lunas de octubre fueron nuestro primer testigo de aquéllos momentos, ¡nuestros momentos! El oro blanco que brotaba de mí era tu mayor deleite y mi mejor regalo hacia ti, mis brazos eran tu cuna mientras la luz de la luna iluminaba tenuemente la escena.
La quietud de la noche era nuestro refugio, cómo disfrutaba esa paz contigo en mis brazos, con tu aroma que invadía mis sentidos, tu calidez tocando mi alma, éramos una sola, tan sólo tú y yo disfrutando el momento; minutos, horas, no sé, el tiempo fluía y nos perdíamos en él, la naturaleza hacía su magia.
Alimentarte era tan agradable, me perdía en tu mirada, en esos luceros iluminando mi vida, ¡no creía tanto amor! Al final, ya satisfecha cerrabas tus ojitos y te acurrucabas en mi, mientras, yo ansiosa esperaba la siguiente luna para encontrarnos de nuevo y ¡amamantarte, darte vida!
Hoy va quedando atrás ese momento, a menudo lo recuerdo con nostalgia, quisiera detener el tiempo para seguir arrullándote en mis brazos cada madrugada en tan hermosa conexión, pero aunque ya no sea posible, deseo que sepas lo siguiente : el vínculo que formamos no es en vano y siempre que me necesites estaré esperándote con los brazos abiertos listos para reconfortarte tal y como lo hacía en esas inolvidables citas nocturnas.
Mi siempre pequeña y amada bebé.

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